Turismo en Madrid, Sierra Norte



La Sierra de Madrid nos enseña que caminar es soñar con los pies…

Recomendaciones

• Aparca tu vehículo en los lugares asignados para ello; no circules con ellos fuera de las vías de tráfico.

• Explota este espacio natural mejor a pié, por las sendas establecidas.

• Utilizar el vestuario adecuado para esta época del año. Llevar siempre una prenda de lluvia.
• Llevar siempre calzado cómodo e impermeable, adecuado a la zona que visitemos.


• Utilizar protecciones adecuadas para el sol y el viento.

• Se recomienda llevar prismáticos, con el fin de facilitar la observación del paisaje y su fauna.

• Llevar un teléfono móvil con el número del guía guardado en la agenda antes del inicio de la senda.

• Hay rutas sin fuentes de agua potable, por lo que conviene llevar cantimplora o una botella con agua.

• Deposita las basuras en los contenedores situados en las áreas recreativas y a lo largo de la carretera. 
• No está permitido hacer fuego o acampar.
• Cigarrillos, cerillas y hogueras son el inicio de grandes incendios.


• Extrema al máximo el respeto a la flora, fauna, suelo y agua. 

• Respeta las propiedades y cultura tradicional de los habitantes de este entorno. 
• Respeta las tapias, vallas o cercados. Las puertas y pontones, se dejarán cerrados.
• Y recuerda: el ruido también es contaminación.



Excursiones y Rutas (para un día)




Indice
 

Ruta 1.- Un paseo por los bosques de La Acebeda.

Ruta 2.- Circular - La Acebeda - Puerto de La Acebeda.

Ruta 3.- La Acebeda - El Gargantón. El acebo, el eremita de los árboles.

Ruta 4.- La Acebeda – Somosierra.

Ruta 5.- La Sierra Norte de Madrid - "La Sierra Pobre de Madrid".

Descarga Otras Rutas en La Acebeda.pdf 


 
¡¡¡ CONSÚLTANOS POR OTRAS RUTAS !!!

Ruta 1.- Un paseo por los bosques de la acebeda.

 

Ruta: Circular 
Longitud: 7 Kms.
Duración: 2:30 h. 
Desnivel: 180 m. acumulados 
Dificultad: Baja y apta para todos los públicos. 

Llegaremos hasta el kilómetro 83 de la A-I, para tomar la M-978 y en 4 Kms. más estaremos en La Acebeda, donde una  vez   entrados   en   el  pueblo,  giraremos  a  la  derecha  y  nos  encontraremos  con La Posada de los Vientos
(Tlf. 918699195)
, poco antes de llegar a la Plaza de Nicasio González Moreno, donde dejaremos el coche. 
  

 


Tomaremos la dirección de la carretera de Robregordo, encontrándonos enseguida con las indicaciones del Camping de La Acebeda, con el fondo la Peña de la Cebollera Vieja o Pico de las tres provincias (Madrid, Segovia y Guadalajara).    

Siguiendo por la carretera pasaremos el antiguo molino harinero de La Acebeda, que dejo de moler en 1976 y que ha estado abierto como restaurante, galería de arte o incluso como horno de pan artesano (actualmente en rehabilitación).

Bajaremos un poco por la carretera, que luego tendremos que subir y en una revuelta descubriremos en lo alto el puente de 5 ojos para paso del ferrocarril y al pie de él, el Área Recreativa de La Acebeda para esparcimiento de los más jóvenes.

Cruzaremos un puente sobre uno de los muchos arroyos y tomaremos un amplio sendero que sale a nuestra derecha, para penetrar en el parque-bosque de robles de La Acebeda, alfombrado de las hojas secas de los robles rebollos y melojos, bordeando un susurrante arroyo que nos acompaña en el silencio y tranquilidad del robledal que tupe el suelo con sus hojas caducas y nuestra vista con su densidad arbórea.

  

Dejando senderos y caminos a nuestra derecha e izquierda, después de una pequeña subida se nos mostrará desafiante la Peña de la Cebollera Vieja. 


Le daremos la espalda y salir a la carretera de Robregordo, a 200 m. nos saldrá un camino a la derecha, que dejaremos y poco más adelante, atacaremos la ladera de nuestra derecha para subir al ojo de un puente  del   ferrocarril,  para   atravesar  este, habiendo  recorrido 2,7 Kms., no sin antes volvernos y contemplar el paisaje que se nos ofrece de La Cabrera, con su pico de la Miel o de la Peña de la Cabra.    

Seguiremos por el sendero, entre retamas, robles y hojas de color café con leche hasta una verja, que hay que abrir y cerrar a nuestro paso, mediante un sistema sencillo e ingenioso, pero difícil de descubrir.


Seguiremos por el rastro del camino zigzagueando, hasta mostrarnos coquétamente, otra vez, la Peña Cebollera y volviéndola a dejar a nuestra espalda, seguiremos la senda hacia La Acebeda, con el puerto de La Acebeda al fondo y el paso de la Cañada Real Segoviana hacia Segovia; cruzaremos y a veces seguiremos tramos de la Cañada Real.

 

Cruzaremos algunos de los muchos arroyos de la zona, descubriremos una imagen de la Virgen Blanca, motivo de romerías y de esta forma llegaremos a La Acebeda entrando por la parte de superior, dejando a la derecha la helisuperficie, por la Plaza de la Cañada Real Segoviana, acercándonos  a   ver   el Lavadero Municipal, recuperado en el 2004. Bajaremos por la calle El Puerto, pasando por delante de la fachada del Ayuntamiento de La Acebeda hasta llegar al punto de partida donde dejamos los coches, pero no sin antes, el que quiera y pueda, visitar el Bar-Tienda La Plazuela, el más antiguo de La Acebeda, que está abierto todos los días del año, donde podremos comprar algún producto natural de la zona: desde su apreciada miel y polen de los bosques de La Acebeda, a los famosos cojonudos de Montejo.    

PLANO DEL RECORRIDO DEL PASEO POR LOS BOSQUES DE LA ACEBEDA.-



Ruta 2.- Circular - La Acebeda - Puerto de La Acebeda.

Ruta: Circular
Longitud: 15,06 Kms.
Duración: 4:45 h.
Desnivel: 95 m. acumulados
Dificultad: Moderada


Marcha recomendada para la estación otoñal ya que el pueblo de La Acebeda y su bonito entorno siempre son una buena excusa para que os acerquéis hasta aquí y realizar una caminata por algunos de sus rincones que siempre nos resultan sorprendentes.



Llegaremos hasta el kilómetro 83 de la A-I, para tomar la M-978 y en 4 Kms. más estaremos en La Acebeda, donde una vez entrados en el pueblo, giraremos a la derecha y nos encontraremos con La Posada de los Vientos (Tlf. 918699195), poco antes de llegar a la Plaza de Nicasio González Moreno,
donde dejararemos el coche.

 

 

Iniciamos la marcha con rumbo noreste, subiendo por la calle El Puerto, donde encontraremos La Casa de la Peña, la construcción datada como más antigua del municipio. Llegados a la Plaza de La Cañada Real Segoviana, tomaremos el camino de la derecha (la propia cañada) para dirigirnos hacia la zona de los Rasos. Para ello, deberemos pasar primero por el arroyo de la Tiesa, a continuación por los Prados de la Ermita del Saz. Al kilómetro y poco, la pista de tierra por la que subimos será atravesada por una senda, que subiendo por nuestra izquierda, se dirige a través del valle hacia la misma cuerda por la que pasaremos nosotros, aunque para ello daremos un rodeo algo mayor, que si cogiéramos dicha senda. Medio kilómetro más adelante y tras hacer una amplia curva a la izquierda, habremos llegado a la zona de los Rasos, y ello supondrá un cambio de rumbo a noroeste, hasta que lleguemos a la cuerda de estos Montes Carpetanos. Al kilómetro y poco, la pista de tierra por la que subimos será atravesada por una senda, que subiendo por nuestra izquierda, se dirige a través del valle hacia la misma cuerda por la que pasaremos nosotros, aunque para ello daremos un rodeo algo mayor, que si cogiéramos dicha senda. Medio kilómetro más adelante y tras hacer una amplia curva a la izquierda, habremos llegado a la zona de los Rasos, y ello supondrá un cambio de rumbo a noroeste, hasta que lleguemos a la cuerda de estos Montes Carpetanos.


 

Hasta llegar a dicha cuerda, tras el cambio de rumbo, algo más de cuatro kilómetros y medio de continua subida, en la que pasaremos bordeando Peña Gudiña, la zona del Gallinero el Quiñón de los Gallegos, hasta que en el tramo final de la zona de los Chorrancos, nos veremos obligados a subir una fuerte pendiente por algo más de medio kilómetro de cortafuegos. Ahora por el mismo cordel de dichos Montes Carpetanos, que recibe el nombre de Cañada de la Cuerda, nos dirigimos hacia el suroeste, para tras un par de kilómetros y medio, pasando por el cerro del Gargantón, llegar hasta el puerto de la Acebeda que marcará un nuevo cambio de rumbo, así como del regreso y del inicio y de la bajada al pueblo. Ahora con rumbo sureste y de manera mucho más recta que en la subida, bajaremos por el camino del Puerto, que nos es más que una pista de tierra que en poco más de cuatro kilómetros nos devolverá al pueblo de la Acebeda.


 

Antes y al poco de iniciar la bajada, habremos dejado a nuestra derecha la Horizontal, que se encamina hacia el puerto de Navafría, y una fuente un poco más adelante a la izquierda, que siempre supone un buen sitio para reponer las fuerzas y el agua. Más abajo y como a mitad de camino el Raizal y la Retuerta en la zona del Gargantón, en la que se encuentran los Cantos Blancos, muy cerca ya del pueblo y de La Posada de los Vientos, donde el que quiera y podrá, degustar una exquisita degustación de viandas que van desde las tradicionales Fabes de La Acebeda a un espectacular Rabo de Toro Estofado, o una sorprendente Berenjena Tramontana, regadas con unos buenos caldos de la tierra.

PLANO DEL RECORRIDO LA ACEBEDA – PUERTO DE LA ACEBEDA.-  

 

Ruta 3.- La Acebeda - El Gargantón. El acebo, el eremita de los árboles.


Ruta: Circular 
Longitud: 5,50 Kms. 
Duración: 2:30 h. 
Desnivel: 60 m. acumulados 
Dificultad: Baja y apta para todos los públicos 

Llegaremos hasta el kilómetro 83 de la A-I, para tomar la M-978 y en 4 Kms. más estaremos en La Acebeda, donde una vez entrados en el pueblo, giraremos a la derecha y nos encontraremos con La Posada de los Vientos (Tlf. 918699195), poco antes de llegar a la Plaza de Nicasio González Moreno, donde dejará el coche.


Iniciamos la marcha con rumbo noreste, atravesando la población por la calle principal, El Puerto, donde encontraremos La Casa de la Peña, la construcción datada como más antigua del municipio. Llegados a la Plaza de La Cañada Real Segoviana, tomaremos el camino de la derecha (atravesando el paso canadiense) para dirigirnos por la propia cañada hacia el cerro El Gargantón. Para ello, deberemos dejar la helisuperficie a la izquierda y continuar por la pista hasta un pilón que se encuentra a 1 km. A 100 m. de este, cuando la cañada realiza una curva a la derecha, muy cerrada, comienza un sendero a la izquierda que se introduce directamente en el robledal. Siguiendo el sendero y remontando el cauce hacia el nacimiento del arroyo, se llega al corazón del bosque en veinte minutos, para entrar en la penumbra del bosque.


 

 

Atravesar un pequeño prado y seguir subiendo junto al arroyo, para entrar en el bosque de robles. Cruzar el arroyo y seguir caminando cerca de la reguera de agua.  Aparecerán los primeros acebos, junto con también bastantes ejemplares de serbal de cazador.

 

El acebo es el eremita de los árboles del bosque que vive recluido en su propio mundo interior. El acebo es íntimo y solitario, incluso en invierno. Mientras el resto de los árboles del bosque encantado se duermen en su letargo invernal, el acebo saca sus frutos rojos para alimentar a los animales del bosque.

 

Los pocos ejemplares que mantienen el recuerdo de aquel esplendor vegetal de los bosques de La Acebeda, habitan en silencio entre robles jóvenes y serbales luminosos; que explotan de color cuando los racimos de bolitas rojas encienden la penumbra de la arboleda.

 

Llegamos a un muro de piedra que indica el final del bosque y de la subida. Giramos a la izquierda y seguimos caminando junto al muro sin perder altura y sin salir del bosque.  Comenzamos a descender por un bosquete de robles jóvenes, siempre con el muro de piedra a nuestra derecha. Atravesamos un prado pelado de árboles y seguimos descendiendo junto al muro. 

 

 

Pasamos junto a una gran paridera y seguimos descendiendo por la pradera de la izquierda. Conectamos con la Cañada Real Segoviana, por la pista principal a la altura de la fuente, hasta la Plaza de la Cañada Real Segoviana, acercándonos a ver el Lavadero Municipal, y bajando por nuestro inicial camino de subida, la calle El Puerto, pasando por delante de la iglesia de San Sebastián hasta llegar al punto de partida donde dejamos los coches, pero no sin antes, el que quiera, recuperar el resuello perdido, con un buen clarete y una buena chistorra en bar-restaurante de La Posada de los Vientos, y aprovechar para conocer este insigne alojamiento rural, enclavado en una construcción que cuenta con casi 250 años de antigüedad.


Ruta 4.- La Acebeda – Somosierra.


La Acebeda - Hoyas del Estacar - Puerto de la Acebeda - Cuerda de la Tiesas - Cuerda de los Chorrancos – Colgadizos - Cuerda de los Llanos - Regajo de la Gitana – Somosierra.

Ruta: NO CIRCULAR 
Longitud: 16,4 Kms.
Duración: 4:48 h. 
Desnivel: 168 m. acumulados 
Dificultad: Moderada   

Marcha recomendada para la estación invernal ya que descubrir el pueblo de La Acebeda y su bonito entorno cubierto de nieve, en su estado puro, es una buena visión exaltante y una buena excusa para descubrir un de los parajes que nos sorprenderá gratamente.

 

Llegaremos hasta el kilómetro 83 de la A-I, para tomar la M-978 y en 4 Kms. más estaremos en La Acebeda.


La Acebeda: Su nombre deriva de la gran cantidad de acebos que se podían encontrar en el término, de los que todavía quedan ejemplares centenarios. El origen del pueblo se remonta a la época de la Reconquista, cuando pastores del cercano Horcajo, que llevaban su ganado por las rutas de las trashumancia, comenzaron a levantar casas al borde de la Cañada Real, en una colina ocupada por gran cantidad de acebos. En siglos posteriores, el caserío se fue incrementando siguiendo la trama lineal, pero abriendo también prolongaciones en otras calles. De forma paralela, se produjo un crecimiento demográfico, alcanzando su techo poblacional en el año 1889, con 360 habitantes. Hay que destacar la Iglesia barroca de San Sebastián, la Fragua y la Casa de la Peña, que se cree fue la primera casa de La Acebeda   Una vez entrados en el pueblo, giraremos a la derecha y nos encontraremos con La Posada de los Vientos (Tlf. 918699195), lugar donde mitigar las bajas temperaturas que ya desde el otoño se dan el este municipio. Iniciamos la marcha, atravesando el bonito pueblo de La Acebeda; subiremos por la calle de La Pasión, que va a dar a la Iglesia de San Sebastián, donde podremos llenar nuestras cantimploras con agua de manantial, en el pilón de la iglesia, para después continuar por la calle del Puerto hasta la Plaza de la Cañada Real; esta vía pecuaria nos llevará al Puerto de La Acebeda.



Pasaremos por el paraje de las Hoyas del Estacar. Llegaremos al barranco que forma el arroyo de la Solana. Continuaremos por el denominado camino del Flechar en dirección al puerto de La Acebeda. Esta Pista que coincide con la Cañada Real Segoviana. Por la cuerda de las Tiesas llegaremos al cerro Gargantón, donde iniciamos la cuerda de los Chorrancos hasta que llegamos al cerro Colgadizos de 1.833 m. (la mayor altura de la ruta). Continuaremos por el PR-34 por la cuerda de los Llanos hasta llegar a un paraje denominado Regajo de la Gitana, desde donde nos dirigiremos al Puerto de Somosierra, final de la ruta. 

Somosierra: Es un municipio de la provincia y Comunidad de Madrid. Se encuentra situado en el puerto de montaña del mismo nombre (siendo éste el único caso en el que ambas laderas de la sierra pertenecen a un mismo municipio), es el último pueblo de la comunidad de Madrid por el norte, a una altitud de 1.434 m. Es por tanto ésta la primera localidad de mayor altitud de la Comunidad de Madrid y la más septentrional de la comunidad autónoma.


Ruta 5.- La Sierra Norte de Madrid – "La Sierra Pobre de Madrid".


La Hiruela – Montejo de la Sierra – Horcajo de la Sierra – Madarcos – 
     Buitrago del Lozoya – La Acebeda.


 

El itinerario propone un viaje por una de las zonas más desconocidas y enigmáticas de la Comunidad. Como la ruta es larga se recomienda salir temprano o hacerla en varias etapas.

 

Desde ahora proponemos que se pasee por les cascos urbanos, los vecinos de estas, localidades han sabido conservar no sólo un importante patrimonio histórico y artístico sino también su peculiar arquitectura popular serrana, sus tradiciones folclóricas y si gastronomía agro-pastoril; siempre será bien recibido.

 

Conoceremos un territorio hasta hace pocos años olvidado pero que resurge y se adapta a los nuevos tiempos para da respuesta a una demanda turística que convierte los espacios naturales y los lugares poco alterados en destinos turísticos de proximidad que permitirá en cualquier época del año, relacionarnos con sus gentes y conocer sus tradiciones, sus paisajes y su patrimonio.

 

 

LA HIRUELA.

 

Hay que aprovechar para visitar los talleres artesanos de cerámica y escultura de la localidad. El camino hasta Montejo de la Sierra se hace por el Puerto de la Hiruela, la belleza del camino bien merece que se haga sosegadamente.

 

No existe ningún dato sobre la fundación del pueblo ni sobre el origen de su nombre pero, posiblemente, como en el caso de los demás pueblos dependientes de Buitrago, el primer asentamiento se produjo entre los siglos XII y XIII, después de la Reconquista y época de repoblación de toda la zona.

 

La Hiruela perteneció a la Comunidad de Villa y Tierra de Buitrago, siendo cabeza del Cuarto de las Cuatro Villas eximidas (con Puebla y El Atazar), dependiendo directamente del Duque del Infantado, nuevo titular del Señorío, y adquiriendo derecho a rollo o picota. Conservó su derecho sobre pastos, aguas, carbón, caza y pesca durante los siglos XVI y XVII.

 

 

Más tarde, con todos ellos pasó a pertenecer a los Mendoza desde 1368, integrando el Señorío de Buitrago. En 1490 obtuvo el privilegio de Villazgo y su cañada obtuvo el rango de real, manifestando así su importancia ganadera.

 

La Hiruela es un pueblo ganadero típico, generado y condicionado por su economía, el clima y la topografía en la que se asienta (1.477m. de altitud). Su trama urbana es de gran sencillez, como resultado de la principal preocupación de abrigarse de los rigores del clima, con la progresiva edificación de construcciones compactas, cerradas al exterior, apoyándose las unas en las otras a lo largo de dos calles principales, compartiendo medianeras. Se dejan algunos entrantes a las huertas o caminos que conducen a prados y sembrados. Por estos espacios libres pasan las regueras, encauzando el agua de los manantiales que nacen por encima del pueblo.

 

En 1751 ya estaba consolidado el tejido urbano que se ha mantenido prácticamente sin variaciones hasta nuestros días. El núcleo se estructura en dos calles paralelas a distinta altura que descienden desde la entrada del pueblo por la carretera, que viene de Montejo y el Puerto de La Hiruela, hasta la plaza donde se asienta la Iglesia. Los edificios se agrupan en grandes manzanas. Desde entonces la población ha ido disminuyendo progresivamente, sobre todo a partir de los años 60 del siglo XX debido a la intensa emigración a Madrid.

 

Destacan la Iglesia Parroquial de San Miguel Arcángel, de construcción barroca, aunque remozada, presenta nave con arco triunfal de medio punto, muros de mampostería y coro en alto.

 

 

MONTEJO DE LA SIERRA.

 

Montejo, como el resto de la comarca, parece haber estado despoblado desde finales del siglo XII, con la excepción de pequeños asentamientos ganaderos temporales de pastores de Buitrago. Se ha apuntado la hipótesis de que fuera fundado por pobladores de Robregordo, Somosierra y Colladillo en búsqueda de prados para el ganado.

 

En 1460, Montejo, integrado en el Señorío de Buitrago, de la familia de los Mendoza, ya estaba consolidado como población y compró el monte de El Chaparral, el actual Hayedo, a un caballero de Sepúlveda. A mediados del siglo XVI, Montejo contaba con 66 vecinos, una Casa de Concejo, carnicería, panadería, taberna, molino harinero, fragua, tejera y pósito. Dos siglos más tarde, en 1751, la población había crecido hasta 122 vecinos y 498 habitantes. Las viviendas del pueblo estaban construidas con gneis, madera de roble, adobe y teja curva cerámica de la tejera municipal..

 

En 1833, Montejo dejó de pertenecer a Guadalajara para incorporarse a la provincia de Madrid. El fin del Régimen Señorial, las Desamortizaciones y la desaparición de la Mesta modificaron sustancialmente la economía del municipio. Se redujo drásticamente la cabaña ovina, desaparecieron las comunidades de pastos, la Corporación compró la Dehesa Boyal, se incrementó el número de parcelas dedicadas a la agricultura y se cercaron. La industria estaba representada por telares, dos minas de plata, molinos harineros y la producción de carbón.

 

 

Será necesaria una etapa sosegada para recorrer sus calles, plazas, fuentes, la Iglesia Parroquial de San Pedro: renacentista con espadaña al exterior y con artesonado mudéjar y callas románicas en el interior; y la Ermita de la Soledad: construida en piedra en el siglo XVI; presenta planta cuadrada y conserva una imagen de la Virgen que puede verse por dos ventanillas abiertas en sus puertas.

 

Cuenta con el Centro de Recursos de Montaña: exposición permanente sobre la Comarca; aquí se solicita el permiso para acceder al Hayedo de Montejo (el más meridional de toda Europa):  sitio natural de Interés Nacional (250 Has); es uno de los más meridionales bosques de hayas de Europa y único en la Comunidad de Madrid, en la cuenca alta del río Jarama; hayas, robles melojos, acebos, helechos, genistas, telones, nutrias, gato montés, gavilanes, águilas calzadas y lagartos verdinegros son algunas de las especies de llora y fauna que conviven en este singular paraje natural.

 

 

HORCAJO DE LA SIERRA.

 

El topónimo "Horcajo" tiene un origen geográfico: significa confluencia de dos ríos, en este caso, del río Madarquillos con su afluente, el arroyo del Valle de las Moreras.

 

 

El origen del primer asentamiento urbano en Horcajo de la Sierra (bajo el pico Porrilla de 1.542 m) no está determinado con exactitud. Sí hay acuerdo en que se trata de una de las primeras poblaciones de la zona. La elección de su emplazamiento sobre un cerro que domina el principal camino hacia el Norte de la Península, hace pensar en una finalidad defensiva, además de ganadera. Ya en el siglo XIII constituía una comunidad de Pastos dependiente de Buitrago.

 

La población fue creciendo de forma muy lenta hasta el siglo XX. En 1930, se alcanzó el techo poblacional con 489 habitantes. A partir de esa fecha se inicia un intenso declive.

 

Merece la pena descubrir el interesante retablo plateresco conservado en la iglesia parroquial de San Pedro in Cátedra (siglo XV): es gótica y fue construida en el siglo XV. Consta de una sola nave con coro alto a los pies y ábside poligonal reforzado con contrafuertes en el exterior.

En dirección a Aoslos se encuentra un puente romano de dos ojos, conservándose la calzada todavía en su parte superior.

 

 

MADARCOS.

 

Tampoco hay datos sobre el origen de Madarcos y su existencia no está documentada hasta el siglo XVIII. En el término, en un lugar conocido como La Nava -hoy despoblado-, se han descubierto restos arqueológicos de un asentamiento de época medieval. Distintos textos acreditan la presencia en este lugar, hasta el siglo XVIII, de una aldea con parroquia denominada Santa Cruz de la Nava.

 

En el siglo XIX se produjo un progresivo decrecimento de los cultivos que se redujeron a hortalizas, leguminosas y frutales, y una mayor especialización ganadera centrada sobre todo en el lanar y el vacuno. A mediados del siglo XX la producción se mantenía, pero el vacuno de leche fue sustituido por la vaca de carne. Se introdujeron las gallinas y desapareció completamente la cría familiar de porcino.

 

 

Es otra de las más pequeñas localidades de la Comunidad de Madrid (cuenta con el censo poblacional más bajo). Conserva interesantes elementos populares: un potro de herrar ganado hecho con piedra de granito, una fuente del siglo XVII, y la coqueta espadaña de sillería, con dos campanas, de la Iglesia de Santa Ana: construida en el siglo XVII, es de planta rectangular con una sola nave. La pila bautismal, de piedra, es también el único elemento originario del mobiliario interior. En las proximidades se encuentran los antiguos molinos de Paulino y la Faustina.

 

La altitud del término oscila entre los 988 y los 1.300 m., siendo sus alturas más importantes el Cerro Quiñones (1.324 m.) y el Pico de la Dehesilla (1.316 m.) El principal curso fluvial es el Madarquillos que nace en la Sierra de La Acebeda. En él confluyen los arroyos de San Benito y el Hondo, así como el río de la Nava o Cocinillas. Estos ríos van a desembocar al Embalse de Puentes Viejas, que comienza en el extremo sur del término de Madarcos, en el sitio llamado de San Cristóbal.

 

BUITRAGO DE LOZOYA.

 

Centro neurálgico de la comarca de la Sierra Norte. Su casco histórico, amurallado con Alcázar, tiene el rango de "Conjunto Histórico Artístico". Su bella fortificación medieval: desde los romanos, múltiples culturas han aprovechado el foso natural del Lozoya para establecer sus líneas defensivas. Fue plaza árabe reconquistada por Alfonso VI (1065-1109); quien repobló la localidad en el 1096; pasando en 1366 a formar parte del señorío de Buitrago como propiedad de Don Íñigo de Mendoza primer Marqués de Santillana, poeta del siglo XV; en el 1380 Pedro González de Mendoza funda el Mayorazgo de Buitrago; con Juan I adquiere el título de Condado; albergó a Juan II, a Juana la Beltraneja y a Felipe III.

 

Con la llegada del siglo XIX, la vieja importancia defensiva de Buitrago volvió a primer plano con la invasión napoleónica. El Ejército francés rompió el cerco de resistencia puesto en el Puerto de Somosierra el 30 de noviembre de 1808 y ocupó a continuación los pueblos de la comarca, Buitrago entre ellos.

 

Décadas después se modificó la estructura jurídica y económica de la zona con la desaparición del Señorío de Buitrago, de la Mesta; con la desamortización eclesiástica y civil y la nueva división provincial de España.

 

 

La Iglesia de Santa María del Castillo (siglos XV-XVI), fue destruida durante la Guerra Civil; en su restauración, sobre el Altar Mayor, se incorporó un bello artesonado mudéjar precedente del desaparecido "Hospitalillo".

 

Cuenta con el Museo Pablo Picasso: Cuenta con 60 obras, del autor, fechadas entre octubre de 1948 y diciembre de 1972, junto con una colección de recuerdos personales de Eugenio Arias, su peluquero, quien mantuvo una estrecha amistad con el universal pintor malagueño durante el exilio de éste en Francia. Libros, fotografías personales, litografías dedicadas, platos y la única pirografía conocida del autor aportan nuevos elementos para conocer algo más sobre su vida y su obra.

 

 

LA ACEBEDA.

 

El nombre de La Acebeda deriva de la gran cantidad de acebos que se podían encontrar en el término, de los que todavía quedan ejemplares centenarios.

 

El origen del pueblo se remonta a la época de la Reconquista, cuando pastores del cercano Horcajo, que llevaban su ganado por las rutas de las trashumancia, comenzaron a levantar casas al borde de la Cañada Real, en una colina ocupada por gran cantidad de acebos. En siglos posteriores, el caserío se fue incrementando siguiendo la trama lineal, pero abriendo también prolongaciones en otras calles.

 

 

La vieja acebeda del Puerto de Somosierra tuvo que ser mucho más extensa en otra época para otorgar el nombre a un pueblo. Los pocos ejemplares que mantienen el recuerdo de aquel esplendor vegetal habitan en silencio entre robles jóvenes y serbales luminosos; que explotan de color en invierno, cuando los racimos de bolitas rojas encienden la penumbra de la arboleda.

 

El acebo es un árbol discreto y sabe guardar las distancias con sus hermanos del bosque. El acebo es el eremita de los árboles del bosque que vive recluido en su propio mundo interior. Los acebos son íntimos y solitarios, incluso en invierno. Mientras el resto de los árboles del bosque encantado se duermen en su letargo invernal, el acebo saca sus frutos rojos para alimentar a los animales del bosque.

 

De las vías pecuarias con las que cuenta La Acebeda, destaca la Cañada Real Segoviana que atraviesa el pueblo y cruza la Sierra de Guadarrama.

 

En La Acebeda, el entorno natural es el mayor atractivo turístico. Predominan los prados y pastizales, que ocupan la mitad de su superficie, y los terrenos forestales poblados por pinos, fresnos y robles. Todo el municipio está cruzado por arroyos que provienen de las estribaciones de Somosierra, afluyen en el río Madarquillos. Uno de ellos, el llamado Acebedo o de la Dehesa, atraviesa el pueblo y mana en una fuente continua, adosada a la fachada de la Iglesia de San Sebastián: Barroca del siglo XVII, es una construcción de mampostería combinada con hiladas de ladrillo y esquinas reforzadas con sillares. De planta rectangular, con una sola nave, tiene adosado un cuerpo que alberga la sacristía. Contiene un coro en alto y valiosas obras de arte: un sagrario o altar portátil de madera con pinturas del año 1500, un crucifijo del siglo XVI y una cruz procesional barroca de plata; iluminadas por pequeños ósculos en las fachadas; su pila bautismal, del siglo XVIII fué labrada por los canteros vecinos de La Acebeda, en una sola pieza.

 

 

Destacar, el Santuario de la Fuente del Saz: tomando el Camino de la Cancharrera, a 2 Km., a la orilla del Arroyo de la Dehesa, nos espera una pequeña gruta artificial con una imagen de la Virgen en su interior.

 

Entre las construcciones tradicionales, encontramos la Fragua en su edificio original de finales del siglo XVII. De base rectangular (hoy restaurado) de piedra y cubierta a dos aguas con teja árabe. Todavía se pueden admirar en su interior el horno, el fuelle y el yunque del herrero. En su exterior se encuentra el potro, utilizado para herrar a los animales; La Casa de La Peña: enclavada sobre una peña, es la única casa de pastores de la época de la trashumancia ganadera, por su valor histórico está protegida por la Comunidad de Madrid y catalogada por la Dirección General de Patrimonio y la Fuente en la Iglesia o de los leones, de corriente perpetua de agua de manantial, donde es frecuente ver a vecinos y forasteros llenar sus botijos y recipientes con agua pura y fresca de la sierra.

 

Podríamos hablar de La Acebeda como: "Un lugar de agua y cielo...". La combinación del sonido del agua y la luz de estrellas y planetas en las noches despejadas, hacen de este municipio un enclave privilegiado para los viajeros observadores del cielo.

 

Para reponer fuerzas con un buen clarete y unas buenas Fabes de La Acebeda, conviene visitar La Posada de los Vientos, Hotel Rural-Restaurante y aprovechar para conocer este insigne establecimiento, enclavado en una construcción que cuenta con casi 250 años de antigüedad.

 

Para practicar el senderismo, una de las actividades más placenteras que se pueden realizar en este municipio: sus caminos y cañadas